¡Quien esté libre, que tire la primer piedra!

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Nadie está exento de padecer sordera

Es muy común en niños burlarse de personas sordas, lo mismo el adulto que no deja de reírse, burlarse o hacer chistes cuando alguien es sordo.

Camila, es una mujer de mediana edad, quien ha ido perdiendo audición paulatinamente. A los 43 años le detectaron mediante estudios, que padecía una gran sordera progresiva y que debería usar audífonos toda la vida. Llegado el caso, de no darle importancia y de no querer usarlos, podría terminar con no volver a escuchar más en su vida.

Camila desesperada, buscó una y otra vez ayudas para obtener sus audífonos, de no poder comprar los audífonos quedaría totalmente sorda. Mientras no encontraba solución para poder comprar sus audífonos, Camila era objeto de burla por parte de compañeros de trabajo, inclusive hasta la directora de la academia donde Camila era profesora de inglés.

Los alumnos al percatarse de que su profesora no escuchaba bien y que debían repetir lo que le decían, estos se reían diciendo: -ahí viene la sorda-. Camila al principio estaba furiosa por cómo se la trataba. Pensaba por qué una persona debía ser objeto de burla cuando cualquiera puede padecer esta discapacidad.

Mientras Camila lidiaba en el día a día en su trabajo, visitaba asociaciones para sordos, inclusive hasta su asistenta social que no daban solución para poder acceder a comprar un par de audífonos a personas de bajo recursos. Pero siempre existe la buena providencia, aunque por momentos no se tenga fe en ella.

La hija de Camila, había ido a la Iglesia de San Isidoro para hablarles del problema que padecía su madre, solicitando ayuda para comprar los audífonos tan ansiados. Entonces fue una tarde-noche, que tocaron a la puerta de la casa de Camila dos personas que eran de la iglesia. Después de charlar un rato con Camila, uno de los hombres le hizo entrega de un sobre con dinero, para que compre los audífonos para que no siga perdiendo más sordera.

Camila no daba crédito a lo que le estaba sucediendo en ese momento. No solo agradeció a estas personas, sino también a su hija mayor, por ayudarle a conseguir sus audífonos. De inmediato al otro día fue a una tienda y pudo comprar los audífonos sociales.

Cuando en la tienda le dieron los audífonos y se los colocó por primera vez, Camila comenzó a llorar porque volvió a escuchar sonidos que había perdido. Ese mismo día, debía ir a dar clases a la academia, fue entonces que Camila tomó la decisión de hablar claramente en una reunión con los alumnos, compañeros de tarea y la directora de la academia y les dio una lección que jamás iban a olvidar.

Les explicó que si bien había sido objeto de burla, la sordera es una discapacidad que se debe atender de inmediato. Pero que eso no significa que quien no la padece, se ría, se burle y no se le respete. Por lo que al ver que durante el tiempo en que no tenía los audífonos la irrespetuosidad era una constante por parte de ellos y en el día de la fecha ha vuelto a escuchar nítidamente otra vez, es que decidió irse de allí no sin antes decirles a todos: ¡Quién esté libre, que tire la primer piedra!

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